UN ÁNGEL ME DIO SU MANO

UN ÁNGEL ME DIO SU MANO

De una macabra piel clara
aspiré su olor de muerte,
mas, siempre un golpe de suerte
impidió que me llevara.
La vi horrible, cara a cara
queriendo atarme cadena,
y escapé de su condena
gracias al socorro humano,
¡un ángel me dio la mano!
Porque hay mucha gente buena.

Cuando acabé de nacer,
a un mes, en mi tierna edad,
una grave enfermedad
me ayudaron a vencer.
Con sólo agua, a beber,
sin medicamento vano,
en días estuve sano,
mi familia se alegró,
el “doctor Blanco” acertó:
un ángel me dio su mano.

Niño inquieto si lo fui,
siempre corría adelante,
con el descuido agravante
de que a un pozo me caí.
“David”, mi padre, de allí
me alzó pues yo era liviano,
me salvó en aquel verano,
mi gratitud aquí lo nombra,
en lo oscuro de la sombra
un ángel me dio su mano.

Mi ahogo de adolescente
es algo que no entusiasma,
mi primer ataque de asma
hasta hoy lo tengo presente.
Y apareció nuevamente
un ángel de pelo cano,
un abuelito italiano
fue don “Mateo La Chiesa”,
me insufló un “puff” con presteza,
me dio el aire con su mano.

Cuando me enfrenté al fusil
despojado ante la tropa,
me proveyó un ángel ropa
en el austral frío hostil.
Atravesé la febril
aversión de mis paisanos
y aunque el trato fue inhumano
me salvó una mujer buena,
fue “Nelly Woodley”, chilena,
un ángel me dio su mano.

Viví un año entre el demonio
de casco, fusil y alcohol,
no podía ni ver el sol
y aquí doy mi testimonio.
Caparazón de quelonio,
mente sana y cuerpo sano,
mucha fe en lo sobrehumano
y una escoba en el camino,
gracias, “Alejandro Pensino”,
por tenderme allí tu mano.

Y me llamó el mar un día
y me entregué a su vil credo,
yo acudí sin tener miedo
de su fluctuación bravía.
Un ángel en su hidalguía
y su nobleza de hispano,
tiene brazos de un hermano
y un corazón de bondad,
lo nombro a “Joaquín Abad”,
¡me rescató con su mano!

La dolencia puso en jaque
a mi cuerpo y un tumor
me extirpó un ángel doctor
aliviándome el achaque.
Viene bien que lo destaque,
él es de Berazategui,
el doctor “Javier Arregui”,
excelente cirujano,
me operó con su hábil mano
y un científico despliegue.

Mil gracias les quiero dar,
mis ángeles de la guarda,
con una actitud gallarda
de gratitud ejemplar.
Me enseñaron a ayudar
con un ejemplo cristiano,
la humanidad de lo humano
y la piedad del divino,
¡sois ángeles de mi sino!
Yo también daré una mano.

Rubén Sada. 28/04/2018

 

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Rubén Sada

Escritor de poesía en castellano, editor y redactor. Currículum, AQUÍ.

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Comentarios

  • Janice Álvarez

    Jajajaja Excelente. Caramba pero, ¿podré salir de esta página? Tengo los dedos de Seda jajaja Buenísimo. Desde Puerto Rico un abrazo fraternal.

    • Rubén Sada

      Muchas gracias, Janice Álvarez. Vuelva cuando guste y explore o copie lo que desee. Es un gusto que haya disfrutado la lectura. Abrazo fraterno.

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