EL REMATE (Yamandú Rodríguez, cantado por Víctor Velazquez)

EL REMATE | Víctor Velazquez



Falta el aire y sobran moscas,

este domingo de enero.

El sol fríe las chicharras…

duerme un matungo azulejo…

Algunos pollos con árganas

están de picos abiertos.

En los charquitos de sombra

hay unas guachas bebiendo.

Por los caminos calientes

pasa la siesta en su lerdo.

Ojos azules de cardos

curiosean desde lejos,

y asoman por las goteras

ojos azules de cielo…

¡Todo es dulce de tan pobre…!

Junto al rancho de estanteo

que anda con los cuatro codos

deshilachados de tiempo,

subasta un rematador

las pilchas de un criollo viejo.

Hay muchos interesados;

son vecinos todos ellos,

muchachos que hasta hace poco,

le llamaban: “el agüelo”.

Recostao en el palenque,

los mira tristón el viejo:

han ido a comprar barato

cosas que no tienen precio…

Y piensa con amargura:

“¡Ya no da criollos el tiempo…!”

—”¿Qué vale este par de espuelas?”

Y las rodajas de fierro,

son como dos lagrimones

que llorasen por su dueño.

Con ellas salió a ganar

hace ya muchos inviernos,

la novia en un bagual blanco;

la vida en un bagual negro.

Los mozos suben la oferta:

—”Doy diez,quince,veinte pesos!”,

Disputan como caranchos

el corazón del agüelo.

Al escucharles, se pone

rojo de vergüenza el ceibo.

—”Son suyas las nazarenas”

dice a uno el martillero.

Le han vendido las lloronas,

hoy, por desgracia. Hoy, tan luego

que en el palenque, la vida

ató su bagual más negro…

y piensa con amargura:

“¡Ya no da criollos el tiempo…!”

Sacan a la venta un poncho,

donde garúan los flecos,

para mojarle los ojos

al que se lo lleve puesto.

Tiene la boca zurcida

y lo gastó tanto el tiempo,

que al trasluz del calamaco

se ve la historia del dueño…

Guampas, chuzas y facones

lo cribaron de agujeros…

pero su filosofía

siempre le puso remiendos:

de día con un celeste;

de noche, con un lucero.

—”Yo pago por esa pilcha

tuita la plata que tengo!”

—”Subo una onza la oferta!”

—”Si no hay quién dé más, ¡lo quemo!”

Entonces cae el martillo

en lo duro del silencio…

Un joven se lleva el poncho.

Y allí cerca el gaucho viejo

está temblando de frío

en una tarde de enero,

y piensa con amargura:

“¡Ya no da criollos el tiempo…!”

Así pierde en la bajada ,

lo que ganó en el repecho:

una a una, las ovejas;

pilcha por pilcha, el apero…

Quisiera salvar del lote

su mancarrón azulejo,

pa’ que lo agarre la noche

en un caballo estrellero.

No tiene más que uno… 

¡Y se lo quema el martillero!



Allí termina el remate.

Cobró su cuenta el pulpero.

Aura sí: al verlo de a pie,

tan amargo, tan desecho,

todos los rumbos arrollan

los lazos de los senderos

y son cuatro pialadores

que están esperando al viejo:

en cuanto quiera salir,

¡lo van a dar contra el suelo!



Entonces , aquellos mozos,

se acercan a defenderlo

y el más ladino le dice

ante temblón y risueño:

—Todos compramos sus pilchas,

pa’ salvárselas, agüelo.

Aquí tiene sus espuelas…

Aquí tiene su azulejo…

Uno le trae en los brazos

igual que un niño, el apero

y otro le entibia las manos

con aquel poncho de flecos…

Y otro que no compró nada

le estampa en la frente un beso…

¡Porque sigue dando criollos,

muy lindos criollos , el tiempo!



Letra: YAMANDÚ RODRIGUEZ

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Rubén Sada

Escritor de poesía en castellano, editor y redactor. Currículum, AQUÍ.

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